24 April, 2012

Experiencias de formación E-Learning en la Administración Pública

En los últimos años desde Sunion hemos desarrollado un conjunto de experiencias de formación E-Learning en diferentes ámbitos de la Administración Pública española. Esto nos ha permitido constatar algunas peculiaridades en el concepto de formación on-line dentro de estos colectivos que a continuación vamos a presentar.

Pedro Navarro Sainz

Gerente Capital Humano Logica

Por supuesto que, como de todos es sabido, la Administración Pública –en adelante, AP- es un colectivo de un tamaño y heterogeneidad tal que toda generalización suele pecar de gratuita. En este sentido, lo que en estas líneas se dice puede no resultar aplicable a la totalidad de ella e, incluso, que algunas de las consideraciones aquí recogidas no son exclusivas de la AP pues este caso no es diferente del resto de generalizaciones: son muchas las excepciones que la contradicen y muchos los actores individuales que quedan fuera de lo aquí señalado.

La AP, como el resto de receptores de formación E-Learning, ha ido evolucionando de un concepto de E-Learning basado en un conjunto de documentos más o menos estructurados en forma de pdfs acompañados de un tutor, a un concepto mucho más evolucionado, donde los contenidos de los cursos son multimedia, el rol del tutor o formador está claramente delimitado y las actividades formativas, nítidamente definidas. En esto no hay diferencias respecto a cualquier otro de los ámbitos.

No obstante, las características del alumnado, la concreta articulación de la formación en los horarios laborales, la consideración de los objetivos de la formación y el modo de contratación van arrojando una serie de diferencias que es importante tener en cuenta. Vamos a ir estructurándolas de modo sistemático.

Los contenidos formativos.

En la formación de adultos en la empresa privada los contenidos han ido evolucionando gracias a las oportunidades que ofrecen las herramientas multimedia. Progresivamente los contenidos de la formación E-Learning han ido perdiendo peso en tanto que texto y ha ido ganado importancia el modo de presentar dichos contenidos.

Tanto los costes de la producción multimedia, como su propia naturaleza impiden la reproducción de contenidos de una gran extensión o densidad. Prima la transmisión de las ideas fundamentales mediante una historia o hilo argumental que va desglosándolos. En este sentido, en los contenidos multimedia del E-Learning la localización de los conceptos fundamentales y su transmisión de modo claro y contextualizado es primordial. Se marca aquí una diferencia clara respecto a los extensos documentos transformados en pdf de antaño.

La mayoría de la formación en la AP es técnica y, como tal, los contenidos tienen una importancia insoslayable. Cuando decimos formación técnica no nos referimos a ingenierías, sino en muchas ocasiones a consideraciones del Derecho Administrativo o de otras ramas del Derecho, de especial importancia en el día a día de un empleado público.

Estos contenidos por su naturaleza no pueden ser virtualizados con un alto nivel multimedia. Por poner un ejemplo, el modo en que es virtualizado un curso de bienvenida, donde el branding interno de la empresa, su imagen y sus valores tienen una importancia esencial, como es obvio, no es reproducible a la virtualización de un curso sobre la Gestión Presupuestaria Pública o la Ley de Acceso de los Ciudadanos a la Administración Electrónica. Aquí no se trata de trasladar los conceptos fundamentales de modo claro, ni de transmitir unos valores concretos. La ley en concreto debe ser conocida en su totalidad y en sus diferentes ámbitos y modos de aplicación.

En estos casos, el reto que se plantea a la hora de realizar una virtualización es marcar las diferencias respecto a un texto plano más o menos bien presentado. Desde el punto de vista de la empresa que lleva a cabo la virtualización de unos contenidos de este tipo, los equipos de trabajo tienen frente a sí la necesidad de trabajar de un modo coordinado, donde la carga recae sobre el equipo de pedagogos que deben llevar a cabo el diseño instruccional. El objetivo de ese equipo es trasladar de un modo claro, ameno y que no suponga disminución de los contenidos concretos, toda la información necesaria.

Y ello para un colectivo que muchas veces está acostumbrado al texto plano, pues se han tenido que enfrentar a él en la preparación de unas oposiciones. La tentación aquí es trasladar los contenidos tal cual, introduciendo un cierto nivel de interactividad, que en el fondo no va más allá de tener que “darle varias veces al ratón” para pasar de un párrafo a otro. Y donde el alumno termina echando de menos un texto en papel que poder subrayar y anotar.

Esta peculiaridad de los contenidos, que por supuesto no es exclusiva de la AP, pone a prueba la unidad y coordinación de unos equipos de trabajo compuestos por los creadores de los contenidos, los pedagogos y los programadores y diseñadores. En estas situaciones, los pedagogos son la piedra angular, sirviendo de puente entre los expertos en la materia y los diseñadores. En este sentido, no es buena idea acometer la virtualización de unos contenidos de esta naturaleza sin contar con la presencia de conocedores de la materia.

En el fondo la pregunta que subyace aquí es ¿qué añade el hecho de virtualizar determinados textos? Es decir, podemos preguntarnos, ¿realmente el texto plano no valía ya y estamos tan sólo ante la dictadura de una moda que nos dice que el texto debe ser “bonito”? Si estamos ante esta duda es que los pedagogos no han hecho bien su trabajo, pues nadie pondría en duda la utilidad de que cualquier contenido, por técnico que sea, deba ser “pedagógicamente” trasladado o presentado. Si la virtualización consiste tan sólo en poner fondos con colores agradables y fotos ilustrativas, el E-Learning ha fracasado.

La comunidad de aprendizaje.

Mucho se ha hablado a raíz de la web 2.0 de las comunidades de aprendizaje. En el fondo, en todo curso E-Learning nos encontramos ante una comunidad de aprendizaje. En este caso no informalmente constituida, como muchas de las aparecidas en este tipo de webs, sino formalmente establecida, con unos miembros concretos y una duración determinada.

En la AP esto es especialmente claro, aunque no siempre los miembros de esa comunidad tienen claro este hecho. Una de las peculiaridades de la formación en la AP, tanto presencial como on-line, es la heterogeneidad de sus grupos. Esto se puede plantear como un reto formativo y una merma al aprendizaje. Aunque más bien debe plantearse al contrario.

La AP es un contexto laboral complejo, con un alto nivel de normatividad, con una heterogeneidad de organismos amplísima y una diversidad de situaciones y perfiles total. Una de las fortalezas del E-Learning en este contexto son precisamente las comunidades de aprendizaje o el intercambio de experiencias. Más allá de las ventajas tradicionales del E-Learning referidas a costes, dispersión geográfica, flexibilidad, etc…, hay que remarcar las posibilidades de aprendizaje en red.

Para que esto no se quede en una boutade y se transforme en realidad, las exigencias para los alumnos, los tutores y los LMS’s son muy altas. Repasemos cada uno de estos elementos.

Los alumnos deben alejar su rol del autoestudio y de la mera absorción de conocimientos sin más. Deben tener en la cabeza constantemente la aplicación de esos conocimientos a su ámbito de trabajo concreto. Y deben estar animados para compartir con sus colegas sus experiencias de aplicación y sus dudas. En este sentido, la formación E-Learning no debe concebirse como un conjunto de alumnos-isla que aprenden unos contenidos en una plataforma que contabiliza su nivel de avance en el Scorm y que cuentan con un tutor para aclararles las dudas que les puedan surgir. Estamos planteando una situación mucho más allá.

Una de las claves del éxito de algunos de los programas formativos realizados por Sunion ha sido nunca perder de vista este hecho. Dos ejemplos: un curso para directivos públicos de todo el ámbito latinoamericano, en el que los alumnos pertenecían a diferentes países y diferentes ámbitos de la AP. El éxito de este programa se basó en:

a) Unos contenidos lo suficientemente generales para que fueran del interés de todos, más allá de las diferentes peculiaridades situacionales o legislativas de cada país, presentados de un modo claro y atractivo, que incentivara el uso de la plataforma y fuese pedagógicamente claro.

b) Unos alumnos animados desde el primer día a compartir sus experiencias, dificultades y situaciones con el resto de participantes.

c) Una plataforma flexible e intuitiva que permitiera tanto la comunicación síncrona como la asíncrona, superando las diferencias horarias, permitiendo la entrega de trabajos y los comentarios del tutor tanto a nivel individual como grupal.

d) Un equipo de soporte y dinamizadores que ayudaba y animaba a la participación y a que ningún alumno se quedara atrás por motivos técnicos o de ritmo de avance.

e) Y un tutor proactivo que no se limitaba a responder dudas, sino que animaba al intercambio, proponía casos de estudio, planteaba materias para la discusión, estructuraba los chats, respondía a dudas específicas de alumnos particulares y explicaba su propia experiencia.

Otro ejemplo: un Máster para Técnicos de Informática y Comunicaciones, que concitaba tanto a informáticos como a personas relacionadas con la gestión de estos elementos en la AP. De nuevo las claves del éxito son las mismas, con la diferencia de que en este caso la importancia de la coordinación es muy superior, pues este programa se prolonga en el tiempo durante 9 meses y el número de tutores y el volumen de contenidos es muy superior.

Está claro que el papel del tutor en todo esto es primordial. Como se ha esbozado, no se trata de un rol reactivo que responde a dudas concretas de alumnos concretos. En muchos casos los fracasos de la formación E-Learning vienen por este ámbito. El tutor o formador es el motor de la formación. Esto encarece los costes de la formación, pues no es un mero dinamizador, ni un simple experto que responde las dudas.

Además, en la AP si se cuenta con un tutor que sólo conoce de oídas el ámbito público y no sabe cómo es esta realidad y cómo se aplican los conceptos en el día a día de los alumnos, el fracaso está asegurado.

Respecto a la plataforma, sólo hay que resaltar: amigabilidad, flexibilidad y robustez. Esas son las claves, aquí como en cualquier otro ámbito, que reflejan si estamos frente a una Comunidad de Aprendizaje y no ante el autoestudio.

La contratación.

A este respecto, sólo una nota. De todos es sabido el modo de contratar que tiene la AP: el concurso público. Si normalmente para una empresa la venta de formación E-Learning es muchas veces compleja, ya que es muy visual y en ella se manejan realidades muy etéreas, cuando se debe realizar la venta por medio de un concurso público estamos ante una situación mucho más complicada.

Cómo demostrar todo lo expuesto en una oferta técnica; cómo remarcar el papel del tutor; cómo definir el modo de virtualizar contenidos; etc.

Y estas dificultades no sólo atañen al licitador, sino, en muchas ocasiones, al convocante de la licitación. Cómo trasladar en un pliego todos estos elementos y cómo discernir en una oferta la realidad posterior de la ejecución de un proyecto. Y mucho más cuando nos encontramos con que últimamente las restricciones presupuestarias hacen que el precio tenga un peso importante. Y las ideas que hemos expuesto no son más baratas que otros modos de hacer. Por poner un ejemplo: las exigencias que suponen para un tutor crear, mantener y alimentar una Comunidad de Aprendizaje son muy superiores a las que implica un rol meramente reactivo. Y está claro que esto repercute en el precio.

A modo de conclusión, es cierto que algunas de las cosas vistas aquí se puede decir que no son específicas o exclusivas de la Administración Pública. Y que muchas de ellas son tan sólo un modo de concebir el E-Learning. Pero la conjunción de todas ellas sí es peculiar de la AP. No están todas las peculiaridades, falta hablar de muchas, pero seguramente estas son las de mayor calado. Y quizá nos hemos de plantear si en este modo de concebir la formación E-Learning el ámbito público no está sirviendo de ejemplo al privado, una vez más, en contra de lo que muchas veces se piensa.

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